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A priori vital

El texto de Gerardo Oviedo indica que ”a priori vital” es una categoría que desprende dos visiones aportadas por Arturo Roig y Enrique Dussel, el ”a priori antropológico” y la ”comunidad de vida”. No obstante, se abstiene a los problemas desde la intermediación entre ambos conceptos presuntamente mencionados.
La moral emergente
Oviedo se redirecciona hacia el artículo de Arturo Roig, La conducta humana y la naturaleza, donde relaciona la moral emergente con la moral vivida, ya que, al no tener carácter intelectual se basa en el resultado de experiencias culturales. Estas se subrayan como eslabón primordial en la liberación de Latinoamérica.
Aquí, la conducta del oyente es dirigida por el principio conativo, el cual ”expresa universalmente dicha propensión de los entes en preservar en su propio ser, si bien este fundamento es sólo un nivel de una estructura trascendental más profunda y amplia”. Del mismo, se desprende la referencia de Roig hacia el sentido de pertenecía como una ”constitución del sí mismo socializado” que se remite hacia su espacio originario, ”apropiación de sí mismo”.
A su vez, sobre el a priori óntico, el ser y sus relaciones, se desplaza el a priori biológico que propulsa la auto-pertenencia del ente viviente. Con ello, la hormé expresa en sí el a priori vital, lo biológico intermediado por lo ontológico y antropológico.
Así, el a priori antropológico afirma un mínimo de dos aristas, la hormé (propiamente dicha) y el conatus. Este último cumple la función de exigir una dignidad humana, ya que, resulta ser necesaria para superar las formas de auto y hetero-reconocimiento con impulso de la subjetividad, lo emergente y lo naciente contra la objetividad y lo inerte.
Por último, en otro artículo de Arturo Roig, Problemas hermenéuticos para una fundamentación de la ética en este caso, retoma la ”moral emergente” como una estructura ”desde arriba” objetiva presente en tradiciones culturales que se resistían a la opresión ‘desde abajo’.
Fundamentos de la moral emergente
Arturo Roig establece un eje con distintos principios que dan concepción de la regularidad de la dignidad humana. Este los postula en forma jerárquica acorde lo empírico-trascendental del sujeto, desde lo ontológico y antropológico hasta lo ético (axiológico y político).
_El principio de perseverancia en el ser o principio conativo (a priori ontológico)-Procedente de Spinoza.
_El principio de auto y heteroreconocimiento (a priori antropológico)-Tomado de Hegel.
_El principio de la naturaleza intrínseca del valor del ser humano (a priori ético-axiológico)-Abrevado en Kant y Marx.
_El principio del ‘duro trabajo’ de la subjetividad o de la emergencia de los oprimidos (a priori ético-político)-Inspirado en Sófocles y en Shakespeare, la tragedia.
El otro estilo de la moral emergente
En una parte ya avanzada del texto del escritor Gerardo Oviedo, se puede encontrar un tropiezo de Roig con la ética de la vida que propone Dussel. Él expresa una visión de perspectiva de mucho más vitalismo filosófico en estrecha relación con el humanismo.
Las novedades en relación con el ser y sus límites son el principal centro desde un reflejo de liberación. Este considera obligatorio, en cierto sentido, la producción, reproducción y desarrollo de la vida humana, a tal modo de considerarla como principio cultural e ideal de la ”vida buena”.
Además, Dussel afirma que la eticidad cultural particular ”es un modo de concretar la vida humana en general, en tanto ésta se conforma por dentro respecto de la universal necesidad de producir, reproducir y desarrollar, genéricamente, toda la humanidad y siempre”. Cabe destacar la visión de la vida del sujeto ético encadenada al entorno provocado por experiencia comprendida al modo de producción.
Mientras que Roig confirma la idea de que ”la dignidad es necesidad de necesidades”, el teólogo argentino asume la comunidad de vida bajo la idea de que ”la vida produce vida”.
El camino hacia el a priori vital
Oviedo muestra al ser humano como única forma ética de vida al demostrarse responsable de sí mismo en cuanto a existencia y permanencia. Ello no indica que deba reproducirse porque si, sino que debe realizarse de una manera digna con responsabilidad.
El a priori vital arraiga y concierne al marco antropológico y transcendental que tras el símbolo del trabajo y el lenguaje, principal vía de comunicación y socialización global, resulta la reproducción histórica material y simbólica de ser humano. Este es antesala de los problemas tales como circunstancias históricas, psicológicas y sociológicas que llevan a la obtención del conocimiento dando apertura a la razón ético-originaria.
En sí, el a priori vital apoya el círculo de fundamentación propuesto por Roig, los cuales, al unirse conforman lo que Dussel llama comunidad de vida. Esto quiere decir que los mismos, puestos en cadena ascendente, mostrarían ”el punto fundante de la vida” y su condición auto formativa.
Visto todo lo referido puede indicarse o afirmarse claramente que el hombre se encuentra sujeto a un mecanismo del cual hace muchos años ”anhela” hipotéticamente ser parte. En este caso, el a priori vital intercede en lo que es lo óntico-ontológico y antropológico, aportando desde la experiencia de lo vivido y lo transcendente.
El ser humano se vale de ser el animal más racional con estas actitudes, que encuentra muchas falencias por su parte, un sistema de tantos de los cuales forma parte. Vistos del siguiente modo, en una visión epistémica, se puede notar un claro estudio casi completo y total del ser.

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