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¿Qué te pasa?

Desvié mi cabeza en una charla con mi hermana y mi madre, donde tocabamos temas sencillos que a uno le resuenan. Hábito de mi ritual, tomo un platano de la frutera ubicada en un rincón de mi casa.
Podría pasar a llamarlo una cábala para no tener un día horrible, sino más bien malo.
Ni bien llego a la parada del 531, me detengo a ver la hora y veo cruzar a unas cinco cuadras por la avenida Libertad al 522. Corro con poco entusiasmo por la Calle ex 196 hacia su parada con intención de no llegar tarde a mi trabajo.
Una vez cumplido mi objetivo, subo sin saludar al chofer, quién si lo hizo pero con cara de pocos amigos, y me dirigí al fondo. Luego, comencé a pensar sobre que quería escribir.
Esta vez pensé en dejar de lado la política y el deporte para centrarme más en mí mismo, la persona interior. ¿Qué nos pasa?. Y no me refiero a la desaparición de Santiago Maldonado, la corrupción de este o el anterior gobierno, la inseguridad y el desempleo, sino más bien en lo profundo del ser humano. Tampoco lo biológico.
Me bajo en la avenida Juan H. Jara, tomo el celular de mi bolsillo y empecé a escribir. ¿Qué te pasa?.
Si tenés mi edad y sos fanático de Boca Juniors como yo, en la cabeza se te vienen los festejos del año 2003 por la Copa Toyota Libertadores y el Torneo Apertura con la cortina de “palo, palo bonito, palo vé“. Sin embargo, se te arruga la cara como una pasa de uva cuando recuerdad un poco más para esta actualidad.
Estamos amargados, enojados, pensativos y sin vida. Los segundos cada vez son porciones más chicas de comida, mientras lo monótono nos golpea aún más fuerte la puerta para que le abramos. Y se queda.
Ahora bien, debes mantenerte anestesiado para no despertar. Ya que, el que tenga los ojos abiertos se vuelve loco y esquizofrénico, a tal punto de buscar la ventana del suicidio.
Las cosas cotidianas como el trabajo y el día a día son lo que quizás nos pone en esa grieta. Debemos pensar quizás en ser más nosotros mismos.
Los dolores son más de ello y deben ser parte de la vida, hasta la felicidad en su máxima expresión desata esa tristeza. No hemos sido diseñados para romper ese hielo hueco y sin perforaciones.
No digo que no podamos cooperar unos a los otros con el objeto de luchar por la paz y el amor, mas podemos darnos el gusto de mejorar los rostros de sufrimiento tan habituales en los asientos del colectivo o los que uno vislumbra tras la ventanilla. ¿Es loco siquiera pensar ello?.
Algunas veces, uno se desgasta en querer poner un grano de arena cada tanto. No es locura querer ponernos en piel del otro por más errático que sea.
No digo de ir por el mundo corrompiendo en favores. Pero si una pregunta y escuchar otro barrio distinto. ¿Qué te pasa?.
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